Alicia Bedmar

Rompiendo cadenas

En la sociedad actual parece que la libertad es un derecho que hemos conquistado, pero estamos muy equivocados, algunos de los grandes males de nuestra época se reflejan en trastornos psicológicos y alteraciones psicosomáticas que sufre nuestro cuerpo y mente, y son el reflejo de miedos y temores no resueltos, consecuencia de no creer en nuestra fortaleza y de no poder desarrollar nuestra propia libertad.

Todos nosotros podemos intentar alejar algunos de esos miedos siendo cada vez un poco más positivos y felices y haciendo frente a lo que nos resta felicidad. Sin embargo, nos empeñamos en meternos en vidas rutinarias, poco espontáneas y muy predecibles. Nos dejamos llevar día a día por la inercia sin plantearnos qué podemos cambiar para ser un poco más felices. Así nos colocamos en una espiral mecanizada: nos levantamos a la misma hora, más o menos; caminamos y/o conducimos por los mismos caminos, nos sentamos en los mismos lugares y/o locales para desayunar, comer o cenar. Y casi siempre con las mismas personas… Pero un buen día pensamos y reflexionamos que nuestra vida es monótona y aburrida.

Ahora bien, si es así, ¿qué haces para cambiar tu realidad? Si te encuentras en esa situación, empieza desde “ahora mismo” a experimentar tu libertad y a salir de tu abismo en espiral como animal de costumbres. Empieza a disfrutar de acontecimientos diferentes. No tienen porque ser espectaculares, sino cosas de tu vida cotidiana, como cambiar ciertos hábitos que no por ser cómodos son lo más adecuado para nosotros.

Todos nosotros estamos en constante crecimiento y desarrollo, nos creamos a nosotros mismos día a día. En realidad, podríamos ser quienes quisiéramos ser, vivir la vida que nos gustaría disfrutar y alcanzar nuestras metas, de ahí del éxito del coaching y el desarrollo de la inteligencia emocional en nuestra sociedad. Para ello hay que arriesgarse a cambiar, a experimentar distintas realidades. Ese paso no es tan sencillo, porque nos acostumbramos y nos acomodamos a lo que ya conocemos (“más vale lo malo conocido…”). Lo hacemos casi todos. Cuanto más a disgusto te encuentres contigo y con tu vida, o más incomodidad experimentes con tu situación, más cuesta. ¡Cambia de modo de vida!, porque lo que resistes, persiste. A veces, el dolor es el precio que pagamos por resistirnos a cambiar.

Creamos nuestra propia realidad a partir de nuestros pensamientos; pero sólo podemos cambiar nuestra realidad desde la acción.

Un ejemplo de lo que hablo se relata en uno de los cuentos de Jorge bucay: “El elefante encadenado”

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“Cuando yo era niño me encantaban los circos y lo que más me gustaba eran los animales. A mí, como a otros. Durante la función, la enorme bestia desplegaba su tamaño, peso y fuerza descomunal…pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena, que aprisionaba una de sus patas, clavada a una pequeña estaca hincada en el suelo. Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera, apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal, capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza,  podría también, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿qué lo mantiene entonces? ¿por qué no huye? Cuando tenía 5 o 6 años, todavía yo creía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, familiar mío, por el misterio del elefante. Me explicó que el elefante no se escapaba, porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: —Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? – No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… Sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros, que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: “El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño”. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido, sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse, y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado. Al día siguiente volvió a probar, y también al otro, y al que le seguía… hasta que por fin un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree —pobre de él— que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese pensamiento. Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez”.

Todos nosotros tenemos una estaca y una cadena que nos ata en algún momento de nuestra vida o nos está atando; pero podemos dejar de ser elefantes pequeños y confiar en nuestra fortaleza. Nuestra experiencia nos puede servir como guía de nuestro propio crecimiento. A veces es necesario experimentar realidades distintas a las que estamos acostumbrados para que se diluyan nuestras anclas. Éstas nos atan demasiado y no nos dejan avanzar, crecer, ser libres, tener fortaleza.

Lo que en ocasiones nos limita e impide cambiar o avanzar es el miedo (a romper nuestras cadenas que nos atan), el razonamiento (muchas veces analizamos mucho y hacemos poco), la incertidumbre (¿saldrá bien?), la duda (¿qué camino elijo?), la desconfianza (en nosotros y en los demás), las opiniones ajenas (el “qué dirán”). A pesar de todo, hemos de “tener valentía para cambiar lo que podemos cambiar, serenidad para aceptar lo que no podemos cambiar, y sabiduría para discernir entre una y otra situación”. Particularmente pienso que podemos cambiar casi todo, aunque sea en un mínimo detalle para hacer nuestra vida más plena.

Albert Einstein dijo: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”

Rompe tus cadenas, haz algo distinto!!

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2 pensamientos en “Rompiendo cadenas

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