Alicia Bedmar

¿Miedo al compromiso?

Detrás del miedo no hay más que un mecanismo de defensa que nuestra mente crea cuando percibimos que hay un riesgo, cuando este riesgo se percibe ante una situación positiva se convierte en irracional y limitante. El fin último de todo miedo es la búsqueda de la seguridad. En este caso el hecho de comprometerse es vivido por el sujeto temeroso como algo angustiante y genera un malestar manifiesto. Pero, ¿por qué surge ese miedo a comprometerse con una pareja, trabajo, proyecto…?.

Para cada persona el término compromiso puede significar algo distinto, es decir, centrándonos en las relaciones, para algunas el compromiso puede ser casarse, para otras simplemente vivir juntos y para otro compromiso puede significar tener hijos. La personas hacreido crear una especie de burbuja de bienestar en la que se siente seguro/a. Cuando ve peligrar esa burbuja ilusoria aparece el miedo porque ven peligrar ese confort e inmobilidad.

Las personas que tienen miedo al compromiso lo interpretan más como una pérdida (menos tiempo para sí mismo, menos intimidad, etc.) que como algo que puede aportarle amor, intimidad, crecimiento, pertenencia, sexo… Es lógico pues sentir miedo después de verlo de ese modo, lo cual dificulta la toma de decisiones. El miedo pone en la balanza los recursos que uno tiene y aquello que tenemos que afrontar. Cuando se produce un desajuste en esta balanza, es cuando se hace presente. Por tanto, es una cuestión de inseguridad y de no conocerse bien a uno mismo, lo que conlleva malestar y frustración. Las personas que tienen miedo al compromiso suelen ser personas ansiosas, inseguras a las que les cuesta expresar las emociones y que necesitan controlar para sentirse seguros y cómodos en su zona de confort. Intentan no profundizar en lo que sienten o piensan respecto a alguien o algo y ello provoca problemas de comunicación con los demás. Son de hecho personas inflexibles y temerosas, así como con un estilo de apego evitativo, obviando lo más importante: la amenaza somos nosotros mismos, no el entorno. En muchas ocasiones se sienten inseguros de si mismos y no soportan ver la seguridad en otros, por lo que inconscientemente crean disonancias cognitivas como convenciéndose de que esa persona no es tan maravillosa como se muestra ante los demás.

“Cuando ya no somos capaces de cambiar la situación nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos” Víctor Frankl.

Tienen la tendencia a buscar relaciones estables pero una vez en ellas y a medida que estás se vuelven serias comienzan a sentir miedo y dudas al respecto. Lo más probable es que den por terminada la relación ya que son incapaces de expresar sus miedos y malestar para poder dar un paso más. Es la forma que tienen de volver a su zona de confort y comodidad y acabar con el miedo que les provoca la pérdida de control.

Esta conducta se convierte así en un hábito que aparece cada vez que esta persona decide adentrarse en una relación. Nos vemos como frágiles o débiles y nos ponemos una coraza para supuestamente no nos puedan tocar. También el cuerpo de manera inconsciente puede generar síntomas que le sirven para “ganar tiempo” y que “no se mueva nada” a su alrededor, dándose la excusa de que al estar mal no puede tomar ninguna decisión en ese estado. En cierta forma, la falta de estrategias y de conocimiento sobre uno mismo hace que se busque justificación a la propia inseguridad y temores. Al final como no se tienen las capacidades para asumir el miedo y gestionar el malestar, se buscará romper la relación para recuperar la estabilidad y huir del descontrol. El único camino para salir de ese bucle pasa por enfrentarse a ese temor. De este modo dejamos de estar controlados por el miedo y podemos flexibilizarnos obteniendo un mayor disfrute de nuestras relaciones de pareja.

“Haciendo lo que tememos disolvemos nuestro temor” Emerson.

 

Frases para la reflexión:

Cuanto más veloces huimos del miedo, más grande se hace éste y más fuerte es su hechizo sobre el alma. Para librarnos de tal poder, conviene mirar de frente su paralizador influjo, y más tarde discernir si nos está protegiendo de un peligro o simplemente es un virus mental que nos inquieta”.

“El miedo que paraliza y deprime es el miedo neurótico que impide la acción. Se trata de un sentimiento que sintoniza con viejas tensiones y heridas no resueltas. El temor que se disfraza de inseguridad encubre anticipaciones el dolor y muchas veces hace referencia a duelos sumergidos cuyo recuerdo nos inunda de ansiedad e induce a conductas crispadas”.

“El miedo nace de la memoria del dolor y brota en racimos de pensamiento conectados al recuerdo. Se trata de ideas neuro-asociadas que conforman la creencia de que aquello que uno rechaza, puede volver a suceder. En realidad, si no hay memoria no hay miedo. Por este motivo, los inocentes se enfrentan con tranquilidad “irresponsable” a muchas situaciones de alto riesgo. Los inocentes no proyectan experiencias anteriores y, en consecuencia, no temen la llegada de la supuesta desgracia”.

“Allí donde veamos una conducta exagerada, se revela la sombra que oculta viejas heridas y, que nos demanda sin demora, un drenaje emocional del alma. Allí donde, por ejemplo, veamos la mentira en sus diferentes grados ¡Atención!, no hay maldad o estupidez, hay tan sólo una mente que se siente amenazada. Conviene mirar al miedo de frente y preguntar, ¿qué temo en realidad?, ¿qué sería lo peor que podría pasar? Al observar y concretar con precisión lo que uno teme, ya se puede respirar a fondo lo temido y crear nuevas opciones más deseadas. Al pronto, sucede que el gran gigante ilusorio que tan sólo puede habitar en las sombras, se esfuma disuelto a la luz de la consciencia”.

“La sensación de confianza y seguridad no sólo brota como consecuencia de la memoria del propio éxito, sino que también es una cualidad que nuestra inteligencia emocional desarrolla. Confiar es una elección que podemos optar por cultivar y reforzar, mientras se comprueba que tras los problemas aparecen las soluciones y que toda dificultad fortalece y enseña”.

“La confianza también brota desde la facultad intuitiva, desde ese insólito Ser que somos y que detrás, escondido y sabio, se revela y expresa. La confianza es un estado de conciencia, un plano mental de vida que abre a la Paz y a la Templanza. Pero, ¿de dónde brota?, ¿acaso es una protección mágica que opera desde las estrellas? Al tratar de responder, la razón tal vez dude, pero todos sabemos que no estamos solos. La Historia y el Misterio así lo avalan. El Universo nos apoya al encarar el miedo mientras hacemos con inteligencia lo que debemos, aunque se sienta inseguridad y amenaza”.

Cuando uno se vea enfrentado al ridículo, a la ruina o al abandono del ser que ama, conviene que se detenga unos instantes. Conviene que respire profundamente, distanciándose del escenario mientras se deja atravesar por la columna de luz, que penetra por lo más alto de su cabeza. Más tarde, la sencillez suavizará lo que uno teme y la sobriedad será nuestra aliada. No hay temor agudo que sobreviva si uno lo respira de forma consciente y continuada. Sólo hay que detenerse y observar sin eludir ningún aspecto y sin tapar ninguna de las caras. Desde el Silencio Consciente, de pronto, la mejor opción brota y la vida, de nuevo, tiene sentido mientras uno, a sí mismo, se reinventa. Ya todo está en su sitio. Uno sabe a qué atenerse y vuelve a fluir centrado en el núcleo de la confianza.” José María Doria

 

Conviene acudir a un profesional que trabaje conjuntamente con la pareja o con uno de los dos. En este sentido la terapia sistémica es ideal ya que no necesita de ambos miembros para trabajar en esta apertura aunque si ambos trabajan los resultados se multiplican.

Aunque parezca un tópico, la clave de toda buena relación es la comunicación y la confianza, sin ellas no hay pareja que sobreviva de una manera sana. Por lo que el objetivo tiene que ser lo que se conoce como asertividad, decir en todo momento lo que se piensa y siente sin entrar en herir a nuestro interlocutor, en este caso nuestra pareja.

 

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