Alicia Bedmar

Las emociones: grandes y poderosas desconocidas

emociones

Detengámonos un momento a pensar… ¿qué emociones conocemos? a ver… así de primeras: alegria, tristeza, enfado… dos negativas y una positiva. Y si nos ponemos a pensar un poco más, quizá venga a la mente alguna más, negativa también por supuesto: ira, vergüenza, asco…

¿Dónde están las demás emociones? y, ¿dónde están las emociones positivas: la compasión, la ternura, la gratitud, el placer…?. No conocerlas o, haberlas escuchado pero no saber reconocerlas, no significa que no existan.

Tal desconocimiento, sólo produce que no nos entendamos a nosotros mismos ni tampoco a los demás cuando se sienten. Lo que ocurre muy a menudo es que, las confundimos con otras y actuamos mal en consecuencia. Por ejemplo, hay personas que cuando sienten ansiedad, la confunden con hambre; otras cuando están aburridas creen que por ello están tristes; o cuando alguien presenta inseguridad puede manifiestarla con celos. Estas confusiones provocan en el día a día problemas de comunicación, dificultades interpersonales y, sobre todo, incomprensión con nuestro yo.

Como ya planteó el neurólogo Antonio R. Damasio: “En lugar de ser un lujo, las emociones son una forma muy inteligente de conducir a un organismo hacia ciertos resultados”.

¿Por qué no nos enseñan desde pequeños en el cole, este conocimiento de nosotros mismos y de los demás, tan importante para la supervivencia y la adaptación al medio? Acerquemos a los niños el conocimiento de las emociones para que esté siempre a su disposición; para que, en vez de ser un lastre, la dimensión emotiva de su ser les dé alas.

Para ello, Palabras aladas ha creado un proyecto precioso sobre el aprendizaje de las emociones para niños y no tan niños 🙂 ¿os atrevéis a saber si conocéis emociones como la gratitud?

Ficha para los más más peques: reconociendo emociones

Proyecto de Palabras aladas: emocionario

                ficha compasión      ficha remordimiento      ficha placer      ficha gratitud

“Me interesé por las emociones después de estudiar los pacientes que habían perdido la capacidad de emocionar y sentir en determinadas circunstancias. Muchos de estos pacientes también tenían importantes deficiencias en su capacidad para tomar decisiones” A. Damasio

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